Sancor se metió de lleno a intentar solucionar los serios problemas económicos y financieros que arrastra, y a comienzos de febrero pasado anunció que abría un concurso preventivo de acreedores, un mecanismo judicial que puede llegar a ser el último intento por evitar la desaparición de la empresa.
En medio de este proceso, que normalmente suele durar entre seis y 12 meses -aunque en ocasiones en que sea necesario se puede extender hasta los 18 meses- la situación de una de las empresas lácteas con mayor peso del país no hace más que hacerse más cuesta arriba.
La ecuación es simple. Durante el lapso que dure este proceso la empresa debe llegar a un punto de encuentro con sus acreedores y determinar cómo se cubre ese rojo. Es decir que lo que precisa Sancor hoy es dinero, algo que no solo no tiene, sino que cada vez se le hace más complejo conseguir.
Y de hecho, algunos de quienes esperan porque sean saldadas sus deudas ya comenzaron a tomar medidas que van en contra de esa posibilidad de que la empresa haga caja.
Por ejemplo, el fondo inversor IIG Structured Trade Finance Fund Ltd logró que la Justicia aprobara la ejecución de la garantía de su crédito, y subastará mañana 436.922 kilos de queso -268.672 kilos de pasta dura y 168.250 kilos de semiduro- en los depósitos de las fábricas de Sancor en Gálvez de Santa Fe y La Carlota en Córdoba.
Sancor se oponía a esta situación porque va totalmente en contra de su objetivo de sumar fondos e ir acordando con sus acreedores. El precio base en el que arrancará la subasta se estima en unos US$ 3 millones.
Además, el temor de la láctea es que esto se transforme en un antecedente que, de salir bien, tiente a otros a intentar un proceso similar.
"Para los acreedores esto representa dinero rápido. No hay que esperar ni un acuerdo con la compañía ni negociar condiciones. Se vende la mercadería y se cobra, punto", explicó a Forbes una fuente que sigue de cerca las negociaciones.
La operación es ideal para quienes quieren cobrar sus deudas, pero resulta pésima para la compañía ya que se deshace de activos importantes como para sentarse a dialogar con sus acreedores. Y el problema es todavía mucho más grande si se tiene en cuenta que la deuda global de Sancor es de US$ 400 millones, es decir que, si se acrecienta este nivel de goteo de activos, la situación se agravará todavía más.
Otro eje de conflicto
Pero Sancor enfrenta, además, un problema que sirve también para ilustrar de lleno la situación que le toca vivir. Es una cooperativa, por lo que debería tener suficiente leche para producir, pero hoy sus propios asociados eligen vender a otros clientes -incluso del exterior- ante la complejidad de pago que presenta la compañía. Hoy, el precio promedio de la leche, del tambo al productor, promedia los $ 440 por litro, y la gran pregunta es cuánto demorará la firma en quedarse sin proveedores, algo que no está demasiado lejos de suceder.
Sumada a la situación de una temida avalancha de remate de mercadería, esto le genera a la compañía un efecto muy complicado: al no haber suficiente materia prima el nivel de producción cae de forma drástica, mientras lo que tiene en sus depósitos se va a precio de remate y sin que a le ingrese un solo peso.
La situación en cuanto al nivel de producción es tan sensible que hoy Sancor procesa apenas 70.000 litros por día, no solo la peor marca de su historia sino también algo ínfimo en comparación con los cuatro millones de litros diarios que tocó en su mejor momento.
Si bien el concurso preventivo de acreedores recién se abrió hace pocos días, lo cierto es que pocos son los argumentos que permiten pensar en un final positivo para Sancor. Una variable -aunque hoy no está sobre la mesa- sería la de la venta, aunque el alto nivel de endeudamiento hace que esa opción hoy no sea viable.
Además, quienes conocen de cerca el sector afirman que la importante dotación de personal que tiene Sancor, de unos 1300 trabajadores, es otro de los motivos por los que no resultaría tentador para posibles interesados.
De hecho, la cooperativa estableció hace pocas semanas una serie de despidos, y envió más de 300 telegramas de despidos.
Siempre teniendo en cuenta que, más allá de la compleja situación, todavía falta recorrer un camino para ver si el concurso preventivo de acreedores soluciona algo, para muchos la quiebra de la empresa no debería llamar la atención, por lo que se venderían los activos de forma separada.
Sancor llega a esta situación luego de años de desaciertos financieros. La misma empresa, al comunicar la apertura del concurso, hizo referencia a las complicaciones que se fueron presentando.
"Con el paso del tiempo, SanCor evaluó diferentes alternativas y mantuvo negociaciones con un grupo empresarial interesado en desarrollar un fideicomiso que impulsara su recuperación. Sin embargo, luego de dos años, esa iniciativa no prosperó, lo que marcó un punto crítico en el camino de la cooperativa. A fines de 2023 hasta agosto de 2024, SanCor por razones que son de público conocimiento, vio reducida sustancialmente su operatoria, afectando su recuperación", recordó la láctea.
Previo a esta dura situación, en 2017 la compañía había realizado un último intento por mejorar el contexto, y luego de arrastrar años de crisis. La cooperativa puso en marcha un proceso de reestructuración por etapas, que incluyó una instancia extrajudicial, así como la venta y cierre de varias dependencias productivas, comerciales y administrativas. La idea tuvo cierto resultado en un inicio, aunque luego todo se volvió a desequilibrar.