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Macroeconomía

El campo dice que Trump "está enloqueciendo al mundo" y advierte por "el salvavidas" del agro

Matías Bonelli

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Gustavo Idígoras, presidente de Ciara-CEC, entiende que las medidas que impuso el presidente de los Estados Unidos generan más incertidumbre al mercado. Además, dice que la reducción o eliminación de las retenciones a los granos tiene un costo alto para el Gobierno.

5 Abril de 2025 07.28

 

Gustavo Idígoras se transformó, sin quererlo, en un personaje muy activo de la actualidad económica local. Es que la necesidad de ingreso de dólares a la Argentina es desde hace ya demasiado tiempo un tema recurrente, y su función al frente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) y del Centro de Exportadores de Cereales (CEC), un segmento clave para la suma de divisas, hicieron que su rol pasara a ser clave.

Es que el agro en general aporta en promedio el 60% de los dólares que llegan a la Argentina, y el sector granario se lleva la mayor parte de ese volumen. De ahí, que la postura que tomen los productores y los exportadores pasó a ser un tema muy importante, a tal punto que el Gobierno sigue en detalle la evolución de la liquidación de las ventas al exterior, una variable marcada -y discutida- por las retenciones.

"Muchos se llenan la boca diciendo que la industria del petróleo, de la minería y gas son el futuro y el presente de la Argentina, pero las cuentas sigue pagando el agro", afirma Idígoras como argumento para darle sustento a la importancia de que el Gobierno defina una baja o la eliminación de las retenciones, una promesa de campaña del presidente Javier Milei.

- ¿Por qué tenemos un nuevo gobierno ya hace más de un año y seguimos hablando de las retenciones?

- Me parece que tiene más que ver con un gobierno que con la estructura productiva, económica y sobre todo comercial de la Argentina, que sigue siendo un país agroexportador. Muchos se llenan la boca diciendo que la industria del petróleo, de la minería y gas son el futuro y el presente de la Argentina, pero las cuentas sigue pagando el agro; las divisas las sigue aportando el agro. Espero y deseo sinceramente que el resto de los sectores crezcan, porque me parece que es también la oportunidad de la Argentina para crecer, pero sobre todo de la oportunidad de la agroindustria de crecer. Porque el día que la agroindustria no sea el único salvataje o salvavidas que pueda tener la Argentina, es muy probable que la agroindustria vuelva a crecer de manera muy significativa.

- ¿Hoy está en riesgo ese salvavidas, si lo pensamos en cuanto al aporte de dólares del agro?

- Hoy no está en riesgo pero sí muy estancado. La Argentina sigue viviendo con los US$ 30.000 millones que aporta el agro, pero hace 15 años que genera solo esos US$ 30.000 millones y la Argentina necesita para crecer US$ 60.000 millones genuinos, netos. Y no lo logra, mientras que Brasil cuatriplicó y pasó de US$ 30.000 millones a  US$ 130.000 millones, en Estados Unidos ese aporte creció más que 40%. También hubo un avances importante en mercados como Paraguay, Bolivia. La Argentina se estancó. Y me parece que eso es parte también de las debilidades macroeconómicas que tenemos.

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                                                                                                                                                                                                                                   (Foto: Alejandro Baccarat)

-¿Y por qué todavía no hay una baja estable de las retenciones, más allá de la reducción que se impuso por un tiempo determinado? ¿Por qué no hay una medida más fuerte y fija?

-Primero porque son US$ 9.000 mil millones de ingreso directo que se logran de forma fácil, sin movimiento alguno del Estado argentino para recaudar. Todos los exportadores lo pagan, y si no se paga, al día siguiente uno queda suspendido para operar en el comercio exterior. No tienen que hacer un solo esfuerzo; y es mucha plata. Y para un programa de superávit fiscal financiero, US$ 9.000 millones es un número muy interesante. El Gobierno ha prometido, y yo creo  plenamente en lo que ha prometido, que en algún momento eliminará las retenciones y que de forma progresiva las irá bajando. Ahora hizo el esfuerzo de bajarlas hasta el 30 de junio, y se aclaró que después el 30 de junio vuelven a subir porque si no, no cumplir las metas fiscales acordadas o pre acordadas con el Fondo Monetario Internacional. Lo que sí creo es que en 2026 tiene que haber ya una baja sustancial, sobre todo para la soja.

-Es decir que a este año lo da por perdido, en este sentido.

-Creo que el esfuerzo que hizo el Gobierno para este año es el máximo posible. ¿Qué me gustaría? que el 26% de retenciones siga, porque además le hemos demostrado al Gobierno con números de estudio que hizo la Bolsa de Cereales de Buenos Aires que 26% implican 10 millones de toneladas más de soja para el año que viene, que son US$ 3.500 millones más para la Argentina. Nuestra propuesta es bajar la soja al 12% y a partir de allí bajar las retenciones al resto de los granos.

-¿Y qué les dice el Gobierno?

-A nosotros nos gustaría que esto salga por ley, aunque desde el Gobierno siempre nos dicen "no sean ansiosos, ya va a llegar el momento". Además, resaltan que les parece bien, pero que no pueden sacrificar ingresos fiscales todavía, pero sí tal vez más adelante. Ese "adelante" tiene que ser 2026.

A la expectativa y sin avalancha exportadora

-Se sabía que el Gobierno iría por el equilibrio fiscal, aunque al mismo tiempo es verdad que había una promesa de eliminar retenciones. ¿Esperaban realmente algo más inmediato?

-Para 2025 esperábamos  iniciar conversaciones formales con el Gobierno para ver de qué manera iba a ser esa hoja de ruta para bajar retenciones. Por varias razones. Primero porque los precios internacionales se han quedado bajos y probablemente sigan bajos por muchos años. En segundo lugar, porque la estructura de costos de los productores ha crecido enormemente y los precios no le cierran como para que siga creciendo su siembra, su cosecha y su producción. Y tercero, porque toda la cadena de valor, y la industria de los insumos está afectada también por esa estructura de costos. Entonces lo natural es que se bajen retenciones e impuestos para dar más competitividad. El Gobierno nos terminó convenciendo de que el es esfuerzo de este año es el máximo posible, pero no podemos seguir esperando porque la Argentina no puede seguir esperando. El mayor problema es la falta de divisas. El petróleo puede dar algo, al igual que la minería, pero no ahora ni en 2026.

-En este contexto lo que no habrá que esperar entonces es una avalancha de liquidación de exportaciones.

- Hasta el 30 de junio dependerá mucho de la posición de venta de los productores. ¿Cuál fue la primera reacción después del 26 y 27 de enero, cuando el Gobierno el decreto 38 de baja retenciones hasta que lograron reglamentarlo? En febrero empezamos a ver un flujo mayor de venta de soja. La soja pasó de $ 280.000 a $ 330.000 aproximadamente, y eso generó un flujo de soja que llevó que una parte de febrero y comienzo de marzo tuviéramos una muy buena molienda de soja y exportaciones de harina y aceite al mundo. Eso ya nos está viendo; el productor sintió que el valor actual sigue siendo insuficiente para su expectativa de ingresos. Además, ya mira la inversión que tiene que hacer en septiembre para volver a asignar.

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                                                                                                                                                                                                                                   (Foto: Alejandro Baccarat)

- Es decir que la iniciativa de liquidar granos que tuvo en un momento, la perdió.

-La perdió sensiblemente. Pasamos de unas entre 300.000 y 350.000 toneladas diarias de compra a menos de 50.000 toneladas por día, como mucho. También tiene mucho que ver con el movimiento cambiario. Está totalmente demostrado que cuando hay movimiento del mercado cambiario, se paraliza el comercio de granos porque el comercio de granos se expresa en dólares. Y en definitiva, cualquier movimiento cambiario genera una expectativa.

-Con todo esto, ¿cuáles son las expectativas de liquidación para este año?

- La  Bolsa de Comercio de Rosario y la Bolsa de Cereales de Buenos Aires hablan de entre US$ 30.000 y US$ 31.000 millones, y hasta el momento estamos cercanos a los US$ 6.000 millones desde el 1 de enero.

- Y si hubiera una devaluación, algo tal vez difícil de pensar en un año de elecciones, ¿cuánto cambiaría ese cálculo?

- Ahí dependerá mucho no solo del tipo de cambio que pueda quedar actualizado, sino de estabilidad del tipo de cambio. Es más relevante la credibilidad de la estabilidad del tipo de cambio que el tipo de cambio per se. Porque podríamos hablar de un tipo de cambio de 15 puntos, 20 puntos o 30 puntos más, ¿pero eso es realmente creíble hacia adelante? Si la respuesta es positiva, la reacción natural de posición de venta del productor crece enormemente. El productor dice "prefiero los pesos ahora que tengo más posibilidad de ahorrar, de tomar posición, de comprar insumos, que los peso más adelante total el tipo de cambio es el mismo.

- Hoy esa estabilidad cambiaria está, pero también hay una gran expectativa o duda respecto de qué es lo que viene.

- Esos son dos elementos que naturalmente han ido modificando un poco estas expectativas hacia adelante.  El Gobierno desde enero viene anunciando un inminente acuerdo con el Fondo Monetario.  La práctica y la historia del Fondo Monetario indica que la mayoría de los casos implican liberalizaciones del mercado cambiario y de la política cambiaria. Eso para la Argentina y implica interpretar que estamos hablando de un nuevo tipo de cambio y eso ya genera una expectativa natural, y por lo tanto se detienen muchas operaciones de compraventa. El Gobierno ya anticipó que en abril presentará el acuerdo y recientemente el ministro Economía ha anunciado algunas estimaciones que tiene y el Fondo Monetario le ha respondido que están avanzando, pero que aún esto lo debe resolver el directorio del Fondo.  Todos esos mensajes son interpretados naturalmente por el mercado cambiario como "esperá a ver ver qué pasa", lo que implica un problema logístico y comercial,  porque la capacidad de compra nuestra está dada por la capacidad de llenar los barcos y venderle al mundo. La Argentina le vende a 110 mercados, 100 millones de toneladas de granos, sobre todo harina, aceite y subproductos. El "esperá a ver qué pasa" es dañino para nosotros y nos lleva a veces a terminar comprando granos a valores mucho más altos de la real capacidad de pago o del valor real del mercado. Lo que precisamos saber a la brevedad es que se diga cuál es el plan. 

Riesgo en los mercados externos

- ¿Esa espera por parte de los productores, esa incertidumbre, lleva a que haya mercados externos en riesgo?

- Los programas de exportaciones se arman con entre cuatro y seis meses de anticipación. El mundo no tiene tantos barcos cargueros y además la mayoría está dando vueltas por Brasil y por Estados Unidos, y entonces la Argentina  tiene que pelear por esos barcos, cerrar contratos con los compradores.  Cuando uno tiene dificultades de acceder lo primero que hacen los exportadores es no proyectar embarques de mediano y largo plazo, y por ahí sugerir que vayan a otro destino.  Tal vez la Argentina pueda no perder mercados pero sí embarques frente a un flujo menor de venta de granos.  ¿Y qué significa esto? Una menor entrada de divisas.

- ¿Cuánto pesa el frente externo, con medidas como los aranceles de Donald Trump, por ejemplo? La incertidumbre no está presente solo en la Argentina.

- No estamos viendo lo que está pasando en el mundo, que está cambiando. La principal potencia del mundo, ha decretado  que vamos a vivir años, meses, días, minutos y segundos de incertidumbre. El mundo va a vivir típicos años argentinos: a la mañana, una cosa, al mediodía otra y en la noche otra.  Esto es Trump; tiene una geopolítica cambiante, con un nivel de táctica muy agresiva porque se levanta a la mañana, se pelea con México, anuncia que le va a subir los aranceles y después decide cambiar todo pero por 30 días. Si estamos hablando de embarques que necesitan seis meses de planificación  y él suspende todo por 30 días, el mundo entra en desorden total. ¿A quién le compro? ¿con quién logro el alimento que necesito para abastecer  alimento, computadoras o lo que fuera? Trump está enloqueciendo al mundo en este proceso. Sabemos que él puede escalar porque hasta ahora son movimientos tácticos, pero puede escalar. Si Europa se queda sin Estados Unidos, solo le queda el Mercosur y la posibilidad de trabajar en China o en India también. Hay efectos globales que todavía no alcanzamos a visualizar. Hoy el mundo está convulsionado.

- Todo esto termina llegando de alguna forma a la Argentina

- Llega en lo comercial y en lo financiero. La Argentina se apalanca en todo el sector privado con financiamiento internacional. Nosotros le pedimos al mundo entre US$ 20.000 millones y US$ 25.000 billones de dólares, principalmente a bancos  europeos.  Cuando suceden estas cosas, los bancos europeos reorientan su inversión a las cuestiones básicas de su país, como armamento o seguridad. Y por otro lado, elevan los costos de sus créditos a los terceros, porque el mundo está convulsionado. Es un mundo muy difícil el que estamos transitando.

- Y entonces, con estos dos escenarios, el local y el internacional, ¿cuál nos tiene que preocupar más?

- Para la Argentina los dos hoy están en el máximo nivel de prioridad. Naturalmente, todos somos argentinos y vemos la película argentina, vemos la macroeconomía, que hizo el ministro Caputo a la mañana y a la tarde, que le responde el Fondo Monetario... Todas esas preocupaciones son muy importantes  porque de esas cuestiones dependen la estabilidad macroeconómica; pero también está la estabilidad internacional.  Nosotros no somos garantes, pero sí deberíamos preocuparnos todos los días, porque los dólares que necesita la Argentina están cuestionados o condicionados frente a esta hecatombe mundial.

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                                                                                                                                                                                                                                   (Foto: Alejandro Baccarat)

- ¿La buena relación que aparentemente tienen Trump y Milei puede ayudar en algo?

- La buena relación primero es fundamental frente a la primera potencia mundial. La Argentina necesita mantener su política multipolar. ¿Qué significa esto? Argentina es pobre y no tenemos fuerza y necesitamos venderle a todos los países del mundo.  Por lo tanto,  tenemos que evitar entrar en conflictos innecesarios que no sean propios. Pero por otro lado, si la primera potencia mundial tiene un presidente que está generando medidas proteccionistas, lo mejor es tener alguna relación privilegiada. Milei debe transformar esa relación personal en una relación gobierno-gobierno, de país a país, para que empecemos a tender a tener beneficios. La Argentina viene hablando de un TLC, el acuerdo de Libre Comercio.  Yo creo que va a ser difícil metodológicamente y políticamente, pero tal ves pueda haber acuerdos de preferencias de aranceles de importación a la baja en determinados sectores, por ejemplo el biodiesel y el aceite de soja. La Argentina perdió US$ 1.800 millones en la primera gestión de Trump y nunca más lo recuperamos porque Josep Biden miró para otro lado. Ahora volvió Trump, y hay que transformar esa relación personal.

- Cuando se habla de del Mercosur, que ya no se sabe bien qué es en los hechos, con Uruguay diciendo que quiere salir, y con Milei también menospreciando el bloque, ¿qué provoca dentro del sector?

- El Mercosur es la herramienta actual que tiene la Argentina para abrir mercados. Es una herramienta absolutamente imperfecta, gobernada por gobernantes de América Latina, que son cambiantes, volátiles e inestables. Tenemos además sectores de la producción, no del agro sino otros, que son ultra proteccionistas y que no le gusta competir con nadie en el mundo.  Entonces, el Mercosur necesita evolucionar.  En eso estamos absolutamente de acuerdo. ¿Puede Argentina solo negociar con 100 países del mundo? ¿Tenemos poder suficiente para sentarnos en una mesa, presionar y convencer de que nos son los mercados? ¿No sería mejor ir de la mano con Brasil, que es una potencia mundial,  una de las potencias mundiales y convencer con la fuerza de Brasil y con el mercado interno que Brasil tiene para ofrecerle al mundo?. Para todo esto el Mercosur es la mejor herramienta, aunque también es cierto que que hace falta modernizarlo. El gobierno argentino está proponiendo modernizaciones. El punto es si hay tolerancia del gobierno argentino para negociar dentro del Mercosur, o si prefiere irse.

- Pero si hay algo que Milei no quiere es tomar de la mano al presidente Lula

- Los países tienen intereses permanentes por encima de sus presidentes, y la mala relación, o mejor dicho, porque creo que no es mala, sino la no relación actual, no debería implicar que no tuviéramos estrategias comunes. Recordemos que en Brasil también fue presidente Jair Bolsonaro y que en la Argentina estaba Alberto Fernández.  Y sin embargo, hubo entendimientos básicos en muchos temas que pudieron permitirle al Mercosur avanzar, por ejemplo, en el acuerdo Mercosur-Unión Europea, que este gobierno logra cerrar, pero sobre el que avanzó el anterior gobierno. Me parece que hay hay que tratar de tomar la política de Estado más allá de los nombres, los presidentes.

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