El Gobierno y los industriales argentinos mantienen por estas horas un diálogo de sordos La baja de aranceles a las importaciones de productos textiles, prendas de vestir y calzados oficializada ayer en el Boletín Oficial es una bomba para el sector, ya que los obliga a competir con productos que pueden resultar hasta 50% más baratos que los locales.
Los aranceles pasan del 35% al 20% en el caso de ropa y calzados terminados, mientras que para telas la reducción va del 26% al 18% de arancel y en hilados, del 18% a 12%, 14% o 16% según los diversos tipos, es decir, vuelven a los niveles previos a 2007 de acuerdo a los fundamentos de la norma.
"La Argentina sigue siendo el país con la indumentaria más cara en la región y en el mundo", argumentó Caputo en un posteo en la red social X, destacando que "un relevamiento sobre productos de marcas internacionales indica que una remera cuesta en Argentina 310% más que en España y 95% más que en Brasil. De la misma manera, una campera cuesta en Argentina 174% más que en España y 90% más que en Brasil" (ver gráfico de Focus Market).
Guardia alta
Los industriales, previsiblemente, rechazan ese planteo. "La baja de aranceles que dispuso el Gobierno nacional destruirá miles de empleos y empresa", alertaron desde FAIIA y CIAI, la federación nacional y la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI). Se quejan, asimismo, de que el Gobierno "debe cumplir primero con sus promesas de bajar impuestos, cargas sociales, frenar la industria del juicio, bajar los altos costos financieros y levantar el cepo", y acusando al Gobierno de un "industricidio".
Se sumó al coro de quejas la Unión Industrial Argentina, que advirtió sobre el impacto en la actividad y el empleo. La entidad fabril recordó que, de los 30 mil empleos industriales perdidos durante el último año, más de 10 mil correspondieron a esa cadena. El foco del problema son los precios. Los textiles desmienten que los aumentos sean excesivos. Según el INDEC el rubro Prendas de vestir y Calzados fue el de menor aumento en 2024 entre los 12 rubros que componen el índice de precios al consumidor (IPC), con 84,5% de suba frente al 117,8% de la inflación general.
En enero el rubro marcó deflación de 0,7%, se estima que, por liquidaciones de temporada, en un contexto de caída del consumo, y en febrero subió 0,4%, por debajo del 2,4% del nivel general de la inflación. Claro que eso ocurre luego que, a partir de mediados de 2023, se vieran forzados a aminorar el ritmo de aumentos, que en los años anteriores prácticamente duplicaban el nivel de inflación general y constituían por lejos el sector que más subía sus precios.
Números sobre la mesa
Un análisis del economista Gustavo Ludmer, especializado en el sector textil e indumentaria, indica que por la baja de aranceles a la importación "los precios de la ropa podrían bajar aproximadamente 3,6%, que implicaría una caída de 0,2 puntos porcentuales en el IPC". Se trata de un promedio entre los productos importados y nacionales. La cuenta indica que se produciría una baja del 11,1% en el precio de la ropa que hoy se importa, que llegaría al 2,7% en los productos nacionales reemplazados por bienes importados. Entre ambos representan un 30% del mercado. En cambio, habría una baja de sólo 1% en el precio final de productos nacionales por la baja de impuestos en insumos importados, y 1,2% en la indumentaria nacional debido a una mayor competencia, dos segmentos que representan el 70% del sector. Claro que sobre esas cifras, los empresarios locales pueden apostar a resignar márgenes de rentabilidad para preservar ventas.
Desde el sector productivo, admiten que la ropa cara es cara pero atribuyen esos precios a los shoppings y principales arterias comerciales. Afirman que en otros canales, los precios mucho más bajos y que eso se verifica en locales de barrio o centros comerciales como la calle Avellaneda.
"Más allá del sector textil-indumentaria y calzado, el Gobierno sólo mira la caja y ha perdido una visión estructural productiva de todas las áreas", sostiene Claudio Drescher, presidente de Cámara de Indumentaria quien acusa al Gobierno de que "la industria no es parte de su estrategia".