Instinct, una startup fundada en abril, atrajo a algunos de los principales fondos de capital de riesgo pese a que su asistente personal de IA todavía está en fase de prueba y solo está disponible por invitación. La empresa negocia otra ronda que podría multiplicar su valor apenas semanas después de la operación anterior.
Cómo funciona Instinct
Según los registros corporativos de California, Instinct opera bajo el nombre legal de Spear Street Technology, una empresa registrada en abril por Noah Shinn, exinvestigador de Sierra. Su producto es un agente de IA que puede conectarse con WhatsApp, iMessage de Apple y distintas cuentas de correo electrónico para leer y responder mensajes, navegar por páginas web, reservar mesas en restaurantes o comprar pasajes de avión.
“Instinct es un asistente personal que entiende en qué estás trabajando y qué es importante para vos”, explica la startup en su página web. “Está entrenado para usar un teléfono y una computadora. Podés enviarle mensajes de texto o llamarlo. Utiliza esos dispositivos de la misma manera que una persona”, agrega.
El inversor Sheel Mohnot lo definió en X como “OpenClaw para gente normal”. OpenClaw es un agente de código abierto que se volvió viral en enero y cuyo funcionamiento depende de que el usuario le conceda acceso a su computadora y sus cuentas.
Aunque OpenAI contrató a su creador, el interés por la herramienta cayó porque era compleja de configurar. También era difícil utilizarla de forma económica y segura sin conocimientos de programación. Instinct busca simplificar esa experiencia mediante una aplicación diseñada para cualquier usuario. Una vez vinculadas las cuentas, el asistente puede revisar la información disponible y completar las tareas que recibe.
Sarah Guo, integrante de la Midas List, el ranking de Forbes que reúne a los principales inversores de capital de riesgo, destacó su utilidad. “Contar con un producto de IA en el que confiar para hacer gestiones en tu nombre y navegar por sitios web es increíble”, escribió en X. Según contó, la herramienta completó correctamente reservas en restaurantes, inscripciones a maratones y distintas compras.
El salto de valuación que atrajo a los inversores
Sarah Guo, de Conviction, y Neil Mehta, de Greenoaks, lideraron una de las primeras rondas de financiación de Instinct, que dejó a la empresa con una valuación superior a US$ 100 millones, según fuentes familiarizadas con la operación consultadas por Forbes. A principios de agosto, Mamoon Hamid, de Kleiner Perkins, encabezó una ronda Serie A de US$ 75 millones. Esa operación elevó la valuación de la compañía por encima de US$ 500 millones.
Ahora, Benchmark e Index Ventures mantienen conversaciones para liderar otra ronda de al menos US$ 200 millones. Si se concreta en los términos negociados, la startup pasaría a valer más de US$ 2.500 millones, cinco veces la cifra alcanzada pocas semanas antes.
Instinct y Greenoaks no respondieron a las consultas realizadas antes de la publicación. Conviction rechazó hacer declaraciones, mientras que Kleiner Perkins, Benchmark e Index Ventures tampoco enviaron comentarios.
Tras la publicación de la información, Shinn sostuvo que las rondas reflejan el entusiasmo de los primeros usuarios. Según explicó, la propuesta consiste en ofrecer un asistente “proactivo, siempre disponible y extremadamente capaz”, con información suficiente sobre cada persona para intentar ayudarla en todo momento.

Por ahora, Instinct es gratuita y todavía no definió públicamente cómo generará ingresos. Según Forbes, podría adoptar un modelo de suscripción y funcionar como un asistente encargado de organizar tareas, comunicaciones y trámites personales. Otra posibilidad sería incorporar publicidad a partir de la información disponible en correos electrónicos, mensajes de texto y registros financieros.
Las dudas sobre la privacidad y la seguridad
El acceso de Instinct a información personal suscitó dudas entre algunos de sus primeros usuarios. Sus términos de uso le conceden una licencia “perpetua e irrevocable” para acceder, utilizar, almacenar, reproducir y modificar los materiales compartidos con la plataforma, incluso para entrenar sus modelos de IA, según informó TechCrunch.
Claire Vo, fundadora de una empresa de inteligencia artificial, desconectó Instinct de su cuenta de Google, pero horas después recibió un nuevo resumen en su bandeja de entrada. Cuando consultó al asistente, descubrió que el acceso directo al correo estaba desactivado, aunque la herramienta había guardado copias de los mensajes en texto plano para utilizarlas en búsquedas posteriores. La situación no implicaba que el sistema permaneciera conectado a Gmail, pero sí indicaba que conservaba información obtenida previamente. Instinct no respondió a las consultas sobre ese episodio.
Jason Yeh, de Patron Fund, relató otro problema. Le pidió a la aplicación que buscara mesas disponibles para cenar, pero el asistente terminó haciendo una reserva con una penalización de US$ 200 por cancelación. “Sinceramente, es una locura que alguien les dé acceso a sus cuentas y, encima, tenga que cubrir una penalización de 200 dólares”, escribió Yeh en X.
Los casos muestran el principal desafío que enfrenta Instinct. Su utilidad depende de que pueda acceder a una gran cantidad de información y actuar en nombre del usuario, pero ese mismo nivel de autonomía aumenta las consecuencias de cualquier error y obliga a confiarle algunos de los datos más sensibles de la vida cotidiana.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.